dilluns, 18 d’agost del 2014

La Taberna de Charlie (Alacant)

     Ciertamente, el lugar en el que se halla situado este restaurante es inmejorable. Situado en el casco antiguo de Alicante en una replaceta con vistas al Castillo de Santa Bárbara y con balcones repletos de flores y plantas de un verdor exuberante sobre todo en las sofocantes tardes de agosto, invita a degustar inmediatamente de las especialidades marroquíes de este pequeño y coqueto restaurante.
    He de reconocer que mi afición a la comida marroquí es reciente pero mi afición por las especialidades de dicha cocina va aumentando exponecialmente al mismo tiempo que mi afición a intentar reproducir en la cocina de casa tales delicias.
     Nuestra expectación era enorme debido entre otras cosas a las buenas referencias que teníamos y, sobretodo, al ambiente de esa tarde-noche de agosto cálida con la suave brisa que desde el mar ascendía por las laderas del Benacantil y refrescaba nuestros sentidos. Sin embargo, tal expectación quedó frustrada pronto.
     En primer lugar, la tardanza en la preparación de los platos era un poco sorprendente ya que el número de mesas, y por tanto de comensales, no era grande. Casi tres cuartos de hora entre la recogida de la comanda y la presentación de las entradas, un queso fresco con hierbas aromáticas que, supongo, puede que a algunos entusiastas del lugar les pueda recordar los perfumes de las Mil y Una Noches, pero su sabor era bastante discreto y, desde luego no justificaban los 9 € que pagamos por un plato con dos cortadas de queso para cuatro personas.
     A continuación tomamos dos pastelas para cuatro personas. Es decir, media pastela, o bastela, para cada uno. Ciertamente en mi época de estudiante he tomado empanadillas de atún bastante mejores en la cantina de mi facultad. Y hago mención de nuevo el precio. Por estas dos pastelas, o bastelas, pagamos 28 €. Algo desaforado, a mi parecer.
     Después de probar tal plato recordé la estupenda pastela  que me sirvieron en el restaurante Aleimuna, de Valencia, en la calle Luis Oliag. Esta de La Taberna, quedaba a años luz de la de Aleimuna. Todavía me estoy preguntando si las pastelas que nos sirvieron en La Taberna de Charlie tenía canela. Si la llevaba, desde luego no se notaba.
     Por último, el cuscús vegetal (otros 28 € por estas dos raciones de cuscús. Delirante.) más bien parecía un plato de sémola para alguna persona convaleciente. Su sabor no era malo, pero no tenía la exhuberancia de sabores que tienen, por ejemplo, los cuscús del restaurante Dukkala, también en Valencia en la calle del Dr. Sanchis Bergón. 
     Desde luego, si alguien  desea iniciarse en la cocina marroquí en La Taberna de Charlie más vale que  compre los cuscús preparados que se venden en las grandes superficies. Se ahorrará tiempo y sobre todo, dinero.
     Mi recomendación sería la siguiente: visitar esta taberna al atardecer, pedir un par de refrescos con las aceitunas aliñadas que se sirven, disfrutar del entorno, de las vistas y de la compañía, pero a la hora de cenar, irse a otro sitio.